Pigmalión, My Fair Lady y Pretty Woman

Es habitual pensar que nos vamos dirigiendo poco a poco a una sociedad menos machista, pero nuestros productos culturales no siempre reflejan una evolución a mejor.

En 1912 se estrenó la obra teatral “Pigmalión”, de George Bernard Shaw. En ella, la vendedora callejera de flores Eliza Doolittle conoce a Henry Higgins, un profesor de fonética que, tras una apuesta con un coronel amigo suyo, decide enseñar a Eliza a hablar correctamente, con modos y pronunciación de clase alta londinense. Eliza aprende rápido, y para cuando la obra llega a los últimos actos ninguno de los conocidos de Higgings (todos de clase alta) tratan a Eliza de forma despectiva o peyorativa. Cuando el plazo de la apuesta acaba, Eliza abandona a Higgins para casarse con un joven de clase media-alta que se había enamorado de ella, con quien se propone abrir su propio negocio. Eliza acaba, por tanto, emparejada con un joven pretendiente y habiendo conseguido independencia económica.

La comedia intentaba parodiar no solamente la rigidez de modos y la importancia de las apariencias en la clase alta inglesa de la época, sino también el papel de la mujer en dicha sociedad. Algunos criticaron a Shaw porque al quedarse solo, Higgins se da cuenta de que había llegado a depender de Eliza, y el final resultaba algo triste para buena parte de la audiencia, pero Shaw se mantuvo firme en su versión.

En 1956 se estrenó el musical de Broadway “My Fair Lady”, una adaptación de Pigmalión. Aunque la historia es casi idéntica, el final fue ligeramente alterado. En My Fair Lady Eliza termina volviendo con Higgins, con un final ambivalente en el que parece que vuelven a su antigua rutina (en la que él la trataba con un cierto desdén, casi como a una criada). La película mantuvo el tono del musical, e incluso sugiere que podríá haber algo más entre Eliza y Higgins, a diferencia de la obra original de Shaw, en la que un romance entre estos dos personajes quedaba fuera de toda posibilidad.

En 1990 se estrenó la película “Pretty Woman” que, si bien cuenta una historia diferente, mantiene en la estructura básica del argumento la referencia al mito de Pigmalión, y demuestra una clara influencia de la obra de Shaw. En esta nueva versión la protagonista, en lugar de ser una vendedora de flores, es una prostituta. Al final, en lugar de ganar una posición y una independencia económica gracias a su adquirida educación, la protagonista se termina casando (se da por entendido) con el adinerado hombre mayor.

pretty-woman-shopping scene

Pero él le compra ropa cara, así que está todo bien, ¿no?

Se ve claramente, en estos tres guiones, la involución que ha sufrido el personaje femenino.

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