Orson Welles y el antiguo arte del Deep Focus

Hace Poco vi la película de Orson Welles “Touch of Evil”, y me llamó mucho la atención por lo bien manejada que está la técnica del “deep focus“. Orson Welles se había hecho famoso con dicha técnica en Ciudadano Kane, donde tanto los distintos personajes como el fondo siempre aparecían perfectamente enfocados, y la utilizó una vez más en Touch of Evil.

Lo más habitual en el cine, especialmente hoy en día, es que el personaje que debe destacar en cada plano esté perfectamente enfocado, mientras que el resto de la escena queda ligeramente fuera de foco. Esto hace que el público centre su atención donde el director quiere que esté. Pero Orson Welles, que también era director de teatro, prefería que la atención del espectador fuera guiada por el movimiento, por la “coreografía”, de los personajes.

En una escena muy intensa de Touch of Evil, el personaje interpretado por Charlton Heston expone al sargento interpretado por Joseph Calleia que tiene pruebas de que su capitán de policía (el malvado Quinlan, interpretado por el propio Welles) ha plantado evidencia para facilitarse el trabajo. En dicha escena la atención del espectador va de Heston a Calleia según quién tiene el diálogo más importante en cada momento. En un momento brillante, Heston gana la battala dialéctica a Calleia, y este confiesa. Entonces Heston se queda en el centro de la pantalla, recogiendo los papeles mientras Calleia se acerca a la cámara, hacia la izquierda del plano, y, derrotado, dice el monólogo en el que acepta los hechos. Ambos personajes están perfectamente enfocados, y Heston está en el centro, pero el espectador solo mira a Calleia porque es el único que está haciendo algo importante.

touch-of-evil deep focus scene

A la izquierda Joseph Calleia acepta su derrota. Al fondo Heston recoge la evidencia. Ambos enfocados, mientras la gran profundidad de campo hace la escena mucho más impactante.

Esta escena está coreografiada de una forma excelente. Después de ver algo así, cuando uno vuelve a ver escenas contemporáneas, en la que simplemente un enfoque bien corto sirve para centrar el ojo del espectador, da la sensación de que los directores y directores de fotografía contemporáneos han olvidado completamente este recurso. Y es una lástima, porque el “deep focus” permite hacer las escenas más majestuosas, dándoles un aire mucho más dramático e intenso.

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