Orgullo y Prejuicio y Zombies: el drama con argumento de comedia

El año pasado escribí sobre Zootopia, y cómo una buena comedia necesita un argumento que funcione en un drama. Hace unos días vi “Orgullo y Prejuicio y Zombies” y tengo que decir que, desgraciadamente, no parece que esta idea funcione al revés. A juzgar por esta película, un drama con el arguemento de una comedia lo va a tener muy difícil para conseguir que te metas en la historia.

Empecé a ver Orgullo y Prejuicio y Zombies esperando una comedia tonta, una parodia absurda de la famosa novela (o quizá de la adaptación cinematográfica del 2005), con bastante gore y diálogos tontos. Pero, para mi sorpresa, la película no es más que lo que dice el título: Orgullo y Prejuicio, con algunos zombies añadidos. Es básicamente la misma historia, con algunos cambios menores (sobre todo en el tercer acto) pero en general con un tono muy serio. Los personajes principales tienen casi exactamente las mismas preocupaciones que en la historia original, y no hay prácticamente nada absurdo o gracioso al respecto.

Pride and Prejudice and Zombies, movie poster

¿Me equivoqué al esperar que esto fuera gracioso?

Pensemos en lo que esto significa. Añadir un apocalipsis zombie a un drama victoriano muy serio sobre romance y clasismo es, evidentemente, el planteamiento de una parodia. Con este argumento uno solo puede esperar una comedia, y aun así la película insiste en mantener un tono dramático. Claro que se puede decir un diálogo gracioso con tono dramático (así es como Leslie Nielsen se hizo famoso), pero el problema es que en esta película la mayoría de los diálogos son de la historia de Orgullo y Prejuicio. Si los actores le dan un tono dramático, y están hablando sobre un drama, la película es claramente un drama (si se mueve como un pato…).

El apocalipsis zombie no hace más que añadir un leve cambio al escenario, un nuevo decorado de fondo, si lo queremos llamar así. E incluso cuando tenemos escenas llenas de zombies (como ocurre en una iglesia que está llena de ellos), no hay nada gracioso al respecto. De hecho, parece que la película quiere que realmente nos preocupemos por ellos y su tragedia personal. Pero no lo hacemos, porque el planteamiento es demasiado absurdo. Esto no es “28 días después”, o algún otro drama contemporáneo intenso sobre cómo reaccionaría la humanidad a un virus zombie. Esto es una novela romántica a la que se le han añadido zombies y artes marciales. No se puede sentir empatía profunda por los protagonistas de una parodia. Están ahí para que nosotros nos riamos, y si no nos dan momentos graciosos no son más que un fracaso.

En mi opinión la conclusión está clara: las comedias necesitan buenos argumentos dramáticos, pero los dramas no deben tener argumento de comedia. Una parodia siempre debe ser una comedia y no un drama, y “Orgullo y Prejuicio y Zombies” es la prueba.

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